Padres agresivos, codiciosos y carreras truncadas en el circuito de la WTA

Son muchos los casos de tenistas que se han visto sometidas a los malos modales de sus progenitores o las que han visto como sus padres se han querido aprovechar de sus fortunas.

 

Las palabras de la extenista española Arantxa Sánchez Vicario, ahora capitana del equipo español de Copa Federación, sobre cual es su relación con su familia y como, según ella, sus padres se aprovecharon de su fortuna, no han hecho más que recordar los distintos casos de malas relaciones familiares que siempre se han dado en el circuito, sobre todo el de la WTA.

Uno de los casos más espeluznante y más conocido, con vilencia de por medio es de laJelena Dokic y su padre Damir Dokic. Bajo su tutela fue haciéndose un nombre como gran tenista, pero Damir no estaba dispuesto a dejar todo el protagonismo a su hija, por eso en 2001 denunció un amaño en el sorteo del Open de Australia en perjuicio de su hija, que tuvo que enfrentarse en primera ronda ante la estadounidense Linsayd Davenport, cayendo derrotada.

Tras ese incidente, Damir decidió llevarse a su hija de Australia y volver a cambiarle la nacionalidad adoptada unos años antes. Además amenazó con con secuestrar a su hija, matar a un australiano o dejar caer una bomba nuclear sobre la ciudad de Sydney.

Historias de este tipo se fueron sucediendo mientras que Damir acompañó a Dokic a los torneos. El padre de la tenista estaba vetado en numerosos torneos e increpaba al resto de jugadoras. Al final la que salió perdiendo con esta situación fue Dokic que sumida en una profunda depresión decidió romper con su padre y denunciarle. En la actualidad, Dokic está intentando volver a ser la tenista que fue y no quiere saber nada de su padre.

El caso de Mirjana Lucic también es espeluznante. Su padre, Marinko Lucic, ex atleta olímpico en la prueba de decatlón, la aterrorizó física y mentalmente durante diez años hasta que la tenista croata huyó de él y se marchó a Estados Unidos, donde reconstruyó su vida junto a su madre y hermanos. Lucic llegó a denunciar públicamente que su progenitor la asestaba palizas después de perder partidos o hacer malos entrenamientos.

Lucic, al igual que Dokic, dejó el tenis por un tiempo y ha decidido volver aunque sin lograr los buenos resultados que de ella se esperaban. Dos carreras truncadas, sin duda, por la mala gestión y la codicia de sus progenitores.

Aravane Rezai, la última en denunciar, trabajaba junto a su padre Arsalan Rezai, inmigrante iraní, que ejercía de mentor y entrenador. "En muchas ocasiones me ha hecho llorar en los entrenamientos y me ha obligado a trabajar en unas condiciones lamentables, mientras nevaba o bajo la lluvia", declaró la propia tenista. Además, en el circuito son conocidas las discusiones de Arsalan con los padres de otras tenistas, que en alguna ocasión, como ya ha ocurrido con tenistas como Elena Vesnina y Anne Chakvetadze, han acabado en agresión.

Rezai rompió con él a mediados del pasado año, para trabajar con la Federación Francesa de Tenis, donde Arsalan tenía prohibida la entrada por la mala conducta.

Mary Pierce fue iniciada en el tenis a los diez años por su padre, Jim Pierce. La francesa, de origen canadiense, pronto destacó en el circuito, por su excelente tenis y por el grotesco comportamiento de su progenitor y entrenador. Sonados fueron los abusos físicos y verbales sobre Mary por parte de un padre que nunca tuvo una conducta ejemplar. Tras un incidente en el que se Jim agredió a un espectador en Roland Garros, la WTA le expulsó del circuito durante cinco años y creó una nueva regla conocida como la 'regla Jim Pierce', que prohibe la conducta abusiva por parte de jugadores, entrenadores o familiares. Todo ello llevó a Mary a romper relaciones con su padre, al que llegó a denunciar y contrató seguridad privada para que le defendiera de su acoso. Con el paso de los años, las relaciones padre-hija tuvieron un pequeño acercamiento, pero sin dinero de ganancias por medio, nada volvió a ser lo mismo.

Obsesión por hijas tenistas

Este sería el caso de Richard Williams, padre de Venus y Serena Willimas. Se dice que él y su exesposa concibieron a Serena y Venus con el estrellato tenístico en mente. Él hacía entrenar a sus pequeñas bajo una lluvia de balas mientras crecían en el barrio más peligrosos de Los Ángeles. En 2001 lanzó una diatriba en contra de los medios, calificando a los periodistas de tenis como racistas.

A Richard se le acusó también de de arreglar los duelos entre ambas y ha tenido algún que otro enfrentamiento con tenistas del circuito por sus malos modales y comportamiento.

Jennifer Capriati tampoco escapó a la codicia de su padre, Stefano Capriati, que en más de una ocasión fue acusado de tratar a su hija como una “caja registradora andante”, firmando contratos con cualquier sponsor que pudiera conseguir a principios de 1990, justificando su idea como “si la manzana está madura cómetela. Jennifer está madura”.

Ni siquiera la alemana Stefi Graf ha podido escapar a la codicia de su progenitor. Iniciada en el tenis por su padre, Peter Graf, cuando sólo tenía cuatro años. Desde que empezó a despuntar, le llevó todos sus asuntos para que ella se centrara en la pista. Peter tuvo a su hija como una 'máquina de hacer dinero' y a su carácter arrogante y colérico consumido por el alcohol y los antidepresivos, se unían los turbios chanchullos con empresarios mafiosos y los escarceos extraconyugales con estrellas porno. En 1995, fue detenido por el 'fisco' alemán acusado de estafarles 21 millones de euros y permaneció en prisión durante un año y tres meses.

Los padres de otras jugadoras como Marion BartoliMaría Sharapova o Justine Henintambién han tenido problemas dentro del circuito con las adversarias de sus hijas o con las propias federaciones, como es el caso del padre de Bartoli. Es el problema de un deporte en el que los padres son, en muchas ocasiones, los entrenadores y únicas personas de confianza de sus hijas.

 

master1000.es  |  webmaster1000@hotmail.es